Con la llegada de las bajas temperaturas, proteger nuestras manos es esencial, pero a menudo sacrificamos la elegancia en favor de la funcionalidad. Para las mujeres, encontrar unos guantes que no solo mantengan el calor, sino que añadan un toque de sofisticación a nuestras chaquetas y cazadoras de entretiempo, puede ser un reto. Un buen par de guantes es el detalle final que cierra un look pulido.
El error más común es recurrir a guantes de lana gruesa o manoplas sintéticas de aspecto deportivo. Aunque son estupendos para esquiar, cuando los combinamos con ropa de calle, añaden un volumen tosco a las manos y rompen la armonía de un abrigo elegante. Vamos a ver cómo elegir guantes que abracen tus manos con gracia.
El poder del cuero y el ante
Si quieres proyectar una imagen cuidada y profesional, el cuero (y su variante más suave, el ante) es tu mejor inversión. Los guantes de cuero se amoldan a la forma de la mano con el uso, proporcionando una silueta mucho más fina y definida que los guantes de punto. Este perfil afinado estiliza los dedos y hace que tus gestos parezcan más elegantes.
Busca pieles flexibles (como el cuero de oveja o napa) que te permitan mover los dedos con facilidad. Para el frío intenso, el secreto no es buscar un guante enorme por fuera, sino uno con forro de cachemira o seda por dentro. Obtendrás un calor espectacular sin parecer que llevas guantes de boxeo.
El largo perfecto
La longitud del guante debe estar dictada por la manga de tu abrigo. La regla inquebrantable de la elegancia invernal es que nunca debe verse piel entre el puño del abrigo y el guante.
Si llevas prendas con mangas tres cuartos (muy comunes en capas o ponchos elegantes), necesitarás guantes tipo "ópera" que lleguen hasta el antebrazo. Para las mangas normales, asegúrate de que el guante cubra bien la muñeca y se introduzca ligeramente por debajo de la manga. Esta superposición sella el calor y crea una línea continua de color impecable.